En el pasado, los valles pirenaicos eran “casi soberanos”. Esta concepto de “soberanía” tiene sus matices, pero es cierto que los valles pirenaicos funcionaron y se organizaron con gran autonomía. En el Pirineo, en muchos momentos, sus valles funcionaron más que como una frontera como un lugar de encuentro entre las poblaciones de ambas vertientes. Estos valles fueron perdiendo sus relaciones de vecindad conforme se asentaban los Estados Nacionales y se implantaban las fronteras entre países. En el futuro, en el marco de la Unión Europea y, apoyándonos en las políticas de la eliminación de fronteras que promueve la UE, el Pirineo puede convertirse en un nexo de unión, lo que une España a Europa, no lo que la separa.
El libro expone cómo, durante siglos, se fueron creando interesantes sistemas de relación entre los valles de las dos vertientes del Pirineo y también entre valles de la misma vertiente. Como han señalado algunos autores funcionaba como un “Estado singular”, sin capital ni ejército, pero con muchas de las características que definen a los Estados.
Este sistema de organización y relaciones se fue perdiendo conforme nacían y se fortalecían los nuevos Estados Nacionales a partir de los siglos XVII y XVIII. Estos Estados necesitan unas fronteras bien definidas y eficaces entre ellos. Así se delimitaron e implantaron las fronteras estatales actuales en la segunda mitad del siglo XIX; es decir, son recientes. Como consecuencia, los valles pirenaicos se fueron integrando en sus respectivos Estados, simultáneamente a ir perdiendo los contactos con los valles de la otra vertiente. La descripción de este proceso es uno de los objetivos del libro.
La conclusión final del estudio es presentar las nuevas oportunidades de un futuro común para los valles pirenaicos de ambas vertientes. Un futuro que lo contextualizamos en el marco de la Unión Europea que tiene entre sus objetivos la eliminación de las fronteras. Con la eliminación de éstas y la creación de Organismos como la Comunidad de Trabajo de los Pirineos, el Pirineo puede convertirse en un “lugar de encuentro” interregional y, simbólicamente, el nexo de unión entre la Península Ibérica con Europa, no lo que la separa.
TODO LO QUE CRECE
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